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LA VERDADERA FELICIDAD

Uno de los alumnos siempre se quejaba de que las cosas no le salían bien porque le faltaba tal cosa, porque la silla no era buena, porque el escritorio estaba mal. Porque el autobús se había atrasado… y así, la lista era larga…

Un día le conté la siguiente historia:

Un hombre tuvo un sueño en el cual un ángel le había ofrecido conocer el paraíso. Ni más ni menos que el mundo venidero.

Este hombre decidió que quería conocer el mundo venidero de uno de los sabios más piadosos y buenos que había existido.

Muy bien – dijo el ángel –, prepárate porque el viaje será largo…

Luego de decir esto, un fuerte viento impulsó al hombre hacia delante, hasta que se sintió flotar por el aire.

El paisaje era majestuoso, primero eran verdes praderas, luego colinas floridas…. Ya podía imaginarse el hermoso paraje en el cual habitaría aquel sabio…

De pronto, al pasar la última montaña, el paisaje cambió y todo se tornó árido, ya no había tantas flores ni verde, mucho menos casas preciosas. El viento amainó y se detuvieron frente a una vieja casa de piedra, con un patio que comunicaba a varias viviendas internas.

-Es aquí – dijo el ángel –, hemos llegado. Entra, su casa es la tercera puerta a la izquierda.

Si bien el hombre estaba confundido, proto su mente trató de explicar la situación.
-Seguro, detrás de cada una de estas puertas de vieja madera, se abre un verde campo con margaritas y un castillo – se dijo para sí.

Camino hasta la tercera puerta, movió el picaporte, y mientras la puerta se abría, esperaba escuchar una bella melodía y una suave brisa de pradera perfumada con las más exquisitas fragancias. Pero nada de ello sucedió, en vez de una bella melodía, solo escuchó el ruido de las oxidadas bisagras de la puerta y en vez de campo verde, solo vio la baldosa beige de piso. Era una habitación vulgar que no poseía muchos muebles, en ella había una silla, una mesa y un anciano leyendo apaciblemente un libro ayudado por la luz de una vela.

-Tu deseo ha sido concedido, ahora debes despertar – le dijo el ángel.

El hombre estaba aturdido.
– ¡No espera! No me dejes así, explícame, no entiendo, ¿acaso no debería haber visto al sabio en el paraíso en la cima de la felicidad?

-Eso es lo que te mostré – le dijo el ángel –, pero entiendo tu confusión – agregó –, lo que sucede es que tú, al igual que los demás, piensas que la felicidad depende de lo que te rodea, de cómo te miran, de si todos te sonríen, si tu casa es bonita, etc.

Esa no es la verdadera felicidad, pues sería una felicidad demasiado dependiente de los demás y, por lo tanto, imposible de alcanzar.

La verdadera felicidad no depende de nada externo, no se trata de un estado o una posición material, sino de un estado que alcanza el alma independientemente de sus posesiones o carencias materiales y eso solamente depende de ti, nadie te lo puede quitar u obsequiar.

Si logras entender esto, verás que podrás alcanzar el bien en cualquier lugar y circunstancia…
¡Hasta la próxima!!!
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Besos,
Sarah.

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